miércoles, 28 de septiembre de 2016

La épica y sus muros


Con sus largas tiradas de versos como hileras de ladrillos, la épica construye muros. El carácter es el destino, decía Heráclito hace ya mucho tiempo, antes de casi todo, pero parece que los hombres se empeñan en invertir el orden de su idea: construyamos una identidad, se dicen primero, y para ello se ponen manos a la obra y tratan de construir su pequeña, esforzada épica. Y los héroes, esa cosa tan de preescolar en el gran colegio tozudo de la humanidad –tozudo porque se empeñan ya no en repetir los cursos, sino en bajar una y otra vez de ellos, hasta los primeros niveles-, se repiten: "Esta es mi épica, este es mi paraíso y mi infierno".


La épica, decíamos, construye muros con sus largas, inacabables tiradas de versos. La clásica del lado de la vida, para defenderla de los enemigos, en la guerra, y regresar después a casa; y afirmar la casa y construir en ella una identidad. Con Dante, en los albores de la edad Moderna, ya para separar la vida, ese infierno constante, del cielo que Beatrice mereció y él, Dante, parecía seguro de merecer al final de su vida –nosotros, sus lectores, así se lo deseamos al pobre-. Y, finalmente con Milton, en los comienzos de la edad Contemporánea, y confirmando un interés prioritario por parte de los lectores en la obra de Dante, para terminar de concluir la laboriosa reclusión del hombre que él mismo ha ido construyendo ladrillo a ladrillo, generación tras generación, en el infierno.


martes, 27 de septiembre de 2016

Re-signarse


Re-signarse: volver al signo para cobijarse. Porque construimos el signo para defendernos de las cosas y de él partimos para enfrentarnos a ellas, armados con la coraza que el signo se nos antoja. Y cuando las cosas nos decepcionan, regresamos al signo para curar nuestras heridas.


 Pero también ese prefijo anuncia la insistencia: re-signarse, re-significarse antes de volver a la carga, contra las cosas. A menos que te quedes en el signo solamente, sin el significado; como quien antiguamente se per-signaba, casi sin per-catarse y a-catando gesto y signo sin más a-signación que el ritual, del que el signo es también señal clara: somos repetición y costumbre, con-signamos y de-signamos nuestra moral, nuestra costumbre, por repetición.


martes, 20 de septiembre de 2016

El libro que alguien subrayó


Tomo prestado un libro de la biblioteca pública y compruebo con fastidio que algún lector previo ha ido subrayando, en casi cada página, sus muchas frases sentenciosas, ciertamente ingeniosas y con indudables atisbos de sensibilidad, de inteligencia o de verdad, pero que acaban pareciéndome, en su acumulación, un exceso de fuegos de artificio. Bueno, no me gusta demasiado, pero tampoco me disgusta lo suficiente como para abandonarla y sigo navegando sin demasiada curiosidad por su chisporroteante, inocua trama.
                Pero a mitad de novela me sorprende descubrir que aquel lector previo dejó de repente de subrayar. Lo que me sorprende y me fastidia todavía más, y me sorprende sobre todo mi fastidio. ¿Por qué dejó de hacerlo? Sigo encontrándome prácticamente en cada página todas aquellas sentencias y frases que, estoy convencido, aquel lector habría subrayado si no hubiera sido víctima de su pereza súbita. 

Antes de darme cuenta, tengo un lápiz en la mano y sigo leyendo el libro subrayando aquí y allá todo aquello que ese lector que me precedió debía haber subrayado. Y esta también te habría gustado, ¿no es así?, me digo. Y esta, y esta, y esta. Procuro terminar pronto la lectura de aquella novela intrascendente, acelero el pasar de sus páginas conforme me acerco a su final: cuarenta páginas, veinte, diez, cinco, sin dejar de hacer todos aquellos subrayados hasta llegar a la última página, su última palabra, momento en que corro a la biblioteca para devolver aquel libro fastidioso, ya terminado de subrayar, y olvidarme, librarme de una vez de él.


viernes, 16 de septiembre de 2016

El informe


El martes por la tarde, en reunión extraordinaria, presenté mi informe y todo el mundo lo aplaudía. Tras del resto de las intervenciones salimos a cenar. Estuvimos bailando, bebiendo, cantando en karaokes. El martes por la mañana me dolía la cabeza pero una llamada de Tutsomu me hizo absurdamente feliz; antes de regresar a casa le aticé un puñetazo a un tipo en el parking y él le propinó otro al jefe de otro departamento. Fuimos al cine por la noche y Soru se echó a llorar a mitad de película; yo me reservé para el final.
El jueves estuve en Kobe y comí en un restaurante construido sobre pivotes de madera, en el mar. Estaba decorado con extrañas cortinas amarillas y olía a rosas, a salitre y a pescado. Por la tarde, en el hotel, pasé todo el rato viendo la televisión; también por la noche, excepto un rato que dediqué a pasear.
De vuelta el viernes, fui a cinco o seis reuniones en cinco o seis puntos distintos de la ciudad. Antes del mediodía presencié un accidente de tráfico, quiero decir que vi los cuerpos mutilados de los accidentados. Por la tarde contemplé los rascacielos del centro desde un ascensor transparente, a la altura del piso quincuagésimo séptimo; creo no haber sentido ese vértigo fascinado de sí mismo y que consigo mismo se retroalimenta, como si uno no fuera salir de él, desde que estaba en primaria y viajé con mis compañeros hasta Tokio por primera vez.
El sábado fuimos a ver a los padres de mi mujer. Para cenar mi suegro nos condujo a un restaurante español: un hombre ataviado como un torero y una mujer vestida de gitana bailaban en el centro del comedor y yo volví a dejarme llevar por mis recuerdos, recordé mi infancia al probar el café, el viaje aquel de mi infancia porque también visitamos un museo, el museo estaba en la planta vigésima de un edificio ya viejo entonces. Allí probé por vez primera el café, me lo tendió una chica mayor que yo de la que estaba enamorado.
Al salir del restaurante una pareja discutía a voz en grito y he recordado un cuento de Kawabata adaptado y dramatizado para la televisión. Mi suegra ha gastado una broma que todos han reído con ganas, pero yo no la he escuchado y por lo tanto no me he reído, sino que me he limitado a mirarlos, supongo, con cara de lelo, porque pensaba en asuntos a resolver de mi trabajo esta semana que entra. Gasté lo que me quedaba de domingo trabajando en mi informe. Soru, mientras tanto, estuvo leyendo.

Me llevó todo el lunes terminarlo. Mañana lo presentaré.


Apunte




La castidad de la acumulación y la lujuria de la generosidad.


jueves, 8 de septiembre de 2016

Antropoceno eres tú


Los científicos están haciendo gestiones, sus gestiones de científicos -supongo que su versión del papeleo y de pedir cita y hacer cola ante mesas de funcionarios antipáticos y nada colaboradores- para que pronto conste en todos los libros, en los de los científicos y en todas partes, que desde hace un tiempo hemos entrado en una nueva era geológica. Antropoceno, se llamará la cosa, o sea la era; la era del hombre, porque por primera vez se considera que el hombre ha dejado huella duradera de su paso por la Tierra: dentro de miles de años, alguien que venga a investigar todo este montón de basura espacial se topará con una buena capa, entre las otras muchas del planeta o lo que de él quede, que será, o fue debida al hombre. La caca a ti debida, porque básicamente se trata de detritus. Durante un tiempo se lleva considerando que esta era empezó con la Revolución Industrial, pero esta incumple uno de los requisitos para el establecimiento de una era geológica: las huellas que dejó no son homogéneas en todas las zonas del globo. Algo que sí han conseguido los isótopos radiactivos liberados por las explosiones de las bombas atómicas.

La homogeneización definitiva que consiguen estas bombas, y que no consiguieron aquellas otras fábricas de pesadilla de Charles Dickens, me hace reflexionar sobre la parcelita que hemos conseguido con nuestro nombre para la posteridad -pero, ¿qué posteridad, la de nosotros mismos?-. Es como cuando tiras algún papel a la papelera, en la calle, y alguien tira a tu lado su propia cosa, su papel, su lo que sea, al suelo y te mira como si fueses gilipollas. Y él lleva toda la razón, porque la conclusión que nos brinda la geología hoy es fácil: si no eres lo suficientemente hijoputa, aquí no te considera ni el Tato.


miércoles, 7 de septiembre de 2016

Soy un caballo o el chico que decía ser un caballo


En mi calle había un niño que afirmaba ser un caballo. Era famoso por esto y también por andar siempre comiendo manzanas. Lo llamaban Juan el Caballo y también Juan el Manzanas. ¿Comen manzanas los caballos? No lo sé, yo creo que a este tipo de cosas uno no debe darle muchas vueltas si no quiere acabar tan loco como Juan el Caballo o Juan el Manzanas. Uno de los miedos más ancestrales de la gente es el miedo a la locura. Como decían en mi calle, basta con que a uno le dé un aire y ya se ha vuelto loco. La gente evita a los locos, como si la locura fuera contagiosa. Es verdad que uno llega de pronto a cierta edad en que la rareza o cierto grado de locura conlleva cierto extraño prestigio, pero yo creo que son más bien cosas de la adolescencia. Pronto llega el rechazo de los otros ya no por ser raro o loco, sino por pretender ser una u otra cosa. La adolescencia, definitivamente, es esa edad de pretenderse algo, lo que sea, con tal de que suponga la ilusión de cierta identidad. Pero pretensiones aparte, lo normal es que sea la normalidad la que te dé ese marchamo de prestigio, condición sine qua non muchas veces para que los demás consideren, siquiera, considerarte. Qué mundo raro este.


Una tarde, unos chulos del barrio se metieron con Juan el Caballo, le increpaban y yo temí que le dieran una paliza. Pensé que a lo mejor estos chulos deseaban en secreto ser un raro como él, pensé que a lo mejor envidiaban su sencilla, modesta autosuficiencia mientras paseaba por nuestra calle con una mano en un bolsillo y otra en una manzana. Esa noche, soñé que una manada de caballos salvajes, muy hermosos pero también fieros, espectrales y fieros, tomaban nuestra calle. Nadie se atrevía a salir de su casa, salvo el chico que decía ser un caballo. Juan el Caballo, Juan el Manzanas salía con total naturalidad mientras mordía una de sus manzanas y los caballos lo recibían como uno de los suyos. Cuando desperté, lo hice con el intenso deseo de ser yo también un caballo.


jueves, 25 de agosto de 2016

Dos poemas breves



Escucha el miedo que te salva.
No los muros, sino la fortaleza.

En medio de la noche, el ojo de la noche.

No el bosque, nunca el bosque.
Solo los árboles.

Escucha el miedo.



_______________


Desliz-
ante
la mor
-dedura



viernes, 12 de agosto de 2016

El inventor del diccionario


¿Quién inventó ese inútil artilugio, tan pomposo y florido, que sirve solo a los pedantes? ¿Un hablante despechado, un recalcitrante coleccionista de humo intelectivo, un escritor con ánimo de hacer trabajar a sus lectores?
Hay una historia secreta que relatan todos los diccionarios, la de la rebelión de los sentidos. Aunque el sentido nunca se rebela, pues solo se rebela aquello que una vez estuvo sometido y el sentido siempre se deslizó inasible entre los dedos de quienes lo persiguen.
Miles de páginas se deben a aquellos que los siglos han denominado filósofos, para tratar en ellas de dar cuenta de tal sentido y solo para no reducir nunca lo que las palabras puedan significar.
Pero no es esta la historia que nos interesa, abstracta en exceso para seres que, como nosotros, se ven abocados a la concreción y toman, como mucho, palabras nuevas a su servicio como quien recluta soldaditos de plástico para su diminuto ejército.
 Quién inventó ese hangar fantástico.
Alguien trata de distinguirse nombrando aquello que todos conocen con alguna palabra ignota, que transforma lo conocido en una intolerable novedad. Para apaciguar los ánimos de la irascible tribu y salvar el pellejo del irresponsable, un oscuro inventor recoge en un volumen los frutos de ese crimen y le pone después precio al libro.
Y el siglo concluye que, por el momento, y solo porque los extraviados más inofensivos frecuentan bibliotecas, será una solución plausible.
Hay para los libros, en nuestros días, cuando menos parecen importar, un acceso abundante y fácil. Hay la parte material que se inscribe en la historia de ese fracaso demorado en que consiste tratar de dar caza a los significados mediante sonidos y letras, en absurda combinación, y que no es nueva.
Y la actividad del diccionario sigue, necesaria al hombre, y la poda dicta su necesario y económico vademécum. De que el tiempo relegue los vocablos olvidados a esa mezcla de exótica inutilidad resulta la lección de esta historia, que es la historia de una guerra tan inútil como la especie que la concibe, determinada por la condena de su biología a la ilusión del tiempo.
¿Qué vana ampulosidad alimentan sus páginas, qué fatuos no crecieron a su sombra? Diccionarios. Solo si los pensamos como asilos de excombatientes podrían despertar en nosotros algo de comprensión; pero las palabras no son personas: no vertamos sentimientos en un pozo equivocado. Hubo, sí, un tiempo más saludable en que no eran necesario, pues la gente no necesitaba recordar aquellas palabras que eran olvidadas con toda justicia. Batahola, buco, exordio, hontanar, peristalsis: ¿quién os sigue necesitando?


(Pintura de Mihay Bodó)

lunes, 8 de agosto de 2016

Diario (2)

Like a rolling stone, 



like the FBI 
and the CIA,
and the BBC, 
BB King
and Doris Day.


“Dig it”, The Beatles.


-¿Qué tal la mañana, cariño?
-Zascas épicos entre poetas, indignaciones por noticias de hace un año, un payo que se ha embolsado diecisiete mil pavos en premios con tres libros trufados de versos plagiados...
-¿Han vuelto a matar a Miliki?
-Eso ya no lo sé, he salido corriendo a la terraza a leer.

*
e gusta
"Te noto un poco cáustico, cariño. Mira, mejor te quito un rato el Facebook".

Ella, ángel de la guarda de mi vida social
Final del formulario

*

Verano en la ciudad, Astrud Gilberto en el Spotify.

La bossanova como veraneo.

*

Tiene que ser muy duro dedicarse a la música de éxito y saber que en estos precisos momentos tu estúpida canción de mierda interrumpe a la gente mientras escucha en el Spotify a Stravinsky, Bob Dylan, Mozart o la Velvet.


Elvis, el surf y el punk.
Tesis, antítesis y síntesis.

*

Ya solo un verano viendo películas de Elvis en modo non-stop puede salvarnos.


No le resulta insensata la idea de que 
el último hombre vivo recibirá la llegada del apocalipsis 
leyendo un informe de protocolo.



Ricardo Menéndez Salmón, El Sistema


(Ilustración de Charles Burns)


sábado, 30 de julio de 2016

Kim Jong-un y la caza de Pokemon


¿Qué ha sido de Kim Jong-un? Tanto ataque yihadista, tanto Donald Trump y ya no hay noticia alguna sobre Kim Jong-un. 

Conspiranoia: se me ocurre que el juego este de los Pokemon ha sido inventado en secreto para Kim Jong-un. Un arma insospechadamente militar. Con sus modales de niño gigantesco, consentido y malcriado que reparte fusilamientos entre los suyos o hace pruebas nucleares como quien sale a tirar petardos para molestar a los vecinos, no puedo imaginar a Kim Jong-un simplemente ignorando la amenaza invisible, ubicua y encantadora de estos muñequitos. 

Sí, yo imagino a Kim Jong-un atravesando esas autovías norcoreanas donde no pasan coches, dado que casi nadie en Corea del Norte tiene coche; inmensas autovías que unos operarios se encargan de barrer para que no se las trague la tierra de regreso por su falta de uso. Ahí, entre barrenderos y dunas de arena, sobre el asfalto de una ciencia-ficción atrasada y ruinosa, pasarán Kim Jong-un y su móvil en busca de algún pokemon. 

¿Cómo hará este juego para terminar con Kim Jong-un? ¿Se aburrirá acaso de sus enemigos reales, tan reales para él, acaso, como todos esos pokemon? ¿Acabará idiotizado para siempre, en la persecución de sus muñequitos? ¿Traspasará sin advertirlo la frontera con la Corea hermana, pendiente solo de su móvil, inclinado sobre su móvil y, por tanto, dejando expuesta su nuca para que alguien le pegue la colleja de gracia y se lo cargue como antaño se sacrificaba a esos viejos pokemon reales, los conejos?


sábado, 23 de julio de 2016

Raíces, I Festival de Poesía Internacional Algameca Chica


A lo largo de este fin de semana se celebra Raíces, primer festival de poesía en Algameca Chica. Mañana recitaré yo a las 20:00, sustituyendo a Mamen Piqueras. Será un placer y un honor, es un pedazo de cartel y los organizadores se lo han currado (ya os adelanto que me van a presentar sobre el escenario ni más ni menos que unos tales Góngora y Quevedo...)




jueves, 21 de julio de 2016

Diario


Desde hace unas semanas siento una pequeña presión en el corazón; cosas de la ansiedad y de que, bueno, que ya tengo una edad. Hoy una doctora me ha dicho categórica que vaya olvidándome de todos los cafés salvo el del desayuno. A ver cómo le explico yo que a mí lo que me pone nervioso es no tomarlo.

*

Te dan cita para un electrocardiograma en el centro médico y a continuación, en la zona de los zumos del supermercado, unos chicos están cazando unos pokemons con sus móviles. Es el ciclo de la vida, tú.

*


Esta mañana he visto, por primera vez, a alguien persiguiendo por la realidad a un pokemon. Ya sé qué debió de sentir Hegel cuando el ejército de Napoleón arribaba a su ciudad.








domingo, 17 de julio de 2016

Un mundo extraño




Medio mundo se alza para llevar a cabo alguna clase de revolución y el otro medio corre en busca de un pokemon.

Taller de relato


Hay tres tipos de cuento: a) Fantástico (final cerrado); b) Realista (final abierto); c) Literario (el fin en cada frase).


(O sistematizaciones que se te ocurren mientras preparas tu primer taller de relato).


viernes, 15 de julio de 2016

Taller de relato en el Cuartel de Artillería de Murcia

Es el primer taller de este tipo que imparto y estoy deseando que llegue el lunes para iniciar con todos los que os habéis apuntado una vuelta por la historia del género, sus distintas manifestaciones y mutaciones, sus elementos y sus técnicas, sus intenciones y propósitos, que van a servirnos acto seguido para ponernos manos a la obra, empezar a elegir nuestras armas y construir, a lo largo del resto de las sesiones, nuestro propio relato. ¡Nos vemos enseguida!

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TALLER DE RELATO con José Óscar López

Lunes 18, martes 19 y miércoles 20 de julio, de 20 a 22h.
Muchos consideran el cuento como la antesala de un empeño más extenso en páginas, una suerte de campo de pruebas o de entrenamiento para la novela. Sin embargo, muchos son los autores que han dado lo mejor de sí o incluso han trabajado en exclusiva en el campo del relato breve.
En nuestro taller, teoría y práctica serán los dos caminos que recorreremos una y otra vez para aprender a diseñar personajes y argumentos, idear planteamientos y desenlaces y resolver la compleja red de hilos que unen el comienzo y el final de una narración. De Antón Chéjov a Raymond Carver, de Edgar Allan Poe a Julio Cortázar, de Felisberto Hernández a Enrique Vila-Matas; y Maupassant, Bécquer, H. P. Lovecraft, John Cheever, Flannery O´Connor, Clarice Lispector, Manuel Vilas… Maestros de la observación realista, miniaturistas del fantástico, prosistas excitantes, fabuladores inclasificables: todo un selecto club de amigos peligrosos y maestros indiscutibles que nos guiarán a través del vasto campo de intenciones y posibilidades de la narración breve.
Sesiones:
  1. Panorama del relato: cauces y posibilidades.
  2. La trama y los personajes: del planteamiento al desenlace.
  3. Pura y dura escritura: del borrador a la versión definitiva.
Impartido por:
José Óscar López (Murcia, 1973) es autor del libro de relatos Los monos insomnes (2013), que recibió muy buena acogida crítica. Ha participado también en el volumen colectivo Extraño oeste (2015) con la novela breve Armas de fuego místico, y es autor de cuatro poemarios, los dos últimos de estrecha relación con la narración: Llegada a las islas (2014), miscelánea de poesía y narración; y Vigilia del asesino (2013), extenso poema épico en veintiún movimientos o partes y con atmósfera de alucinada road movie
“Pocos autores tan indicados para llevarle a uno a lugares que no imaginaba que existieran y que agradece que hayan sido inventados”. Vicente Luis Mora.
Edad: A partir de 16 años
Nº participantes: 15
Precio: 15 euros.
(Oferta para los tres talleres: 35 euros)
Inscripciones en:
Las matrículas serán aceptadas por estricto orden de matriculación en el Pabellón 2 del Cuartel de Artillería los jueves y viernes de 17 a 21h.
Preinscripción on-line en: coordinacion@cuarteldeartilleria.org. Debes indicar tu nombre y apellidos, edad, mail, teléfono de contacto y nombre del taller.
La preinscripción supone la reserva de la plaza durante una semana desde su envío, pero la matrícula tendrá que ser efectuada de forma presencial en ese plazo.


jueves, 14 de julio de 2016

Corregir tanto un texto



Llega un momento en que corregir tanto un texto es como cuando los niños rechupetean una golosina para que nadie más la pruebe.


lunes, 11 de julio de 2016

lunes, 4 de julio de 2016

Elige dónde quieres tu dinero, / don Español, si en Suiza o Venezuela


Elige dónde quieres tu dinero,
don Español, si en Suiza o Venezuela,
en la cuenta de don Quien Te La Cuela,
mientras estudias para barrendero

o haces planes, taimado y chaquetero
-alguna encuesta más será mi esquela-
para unirte a la nueva francachela,
con el miedo por todo consejero.

De unos tienes probada corruptela,
de otros la corruptela por probar
la misma semana en que don Británico

abandona, llevado por el pánico,
al cateto por demostrar: votar
mejor al conocido, vaya tela.


domingo, 3 de julio de 2016

sábado, 2 de julio de 2016

La verdadera caja de Pandora fue la metáfora



La verdadera caja de Pandora fue la metáfora. Una metáfora rota bastó para la fuga irreparable. Y así las vasijas del significado se transformaron para siempre en las vasijas del birlibirloque. 



viernes, 1 de julio de 2016

Will Self



No entiendo por qué no anda todo el mundo loco celebrando los libros de este señor, no sé por qué la gente no se echa a las calles a arrancarse la ropa y los cabellos para festejar la escritura salvaje y loca, sarcástica, desatada y visionaria de Will Self.
(Eso sí, creo que la editorial no ha estado muy fina a la hora de confeccionar la sinopsis/contraportada de esta novela, anunciándola mucho más sórdida de lo que es: a mí casi me echa para atrás, y menos mal que no lo hizo).

viernes, 17 de junio de 2016

No hay opinión posible sin exageración


Toda opinión se funda sobre alguna suerte de exageración. No hay opinión posible sin exageración. Lo pienso y a continuación se me ocurre que una opinión es más bien una forma de medir, de reducir a medida, de tratar de hacer más abordable y comprensible una realidad siempre exagerada.

Pero mi primera idea, como suele suceder con las ideas, era la mejor. La segunda no deja de ser una obviedad. Y la primera, exagerada, funda por sí misma y en consecuencia su propia realidad.


martes, 3 de mayo de 2016

Recital en La Montaña Mágica, Cartagena, este viernes


Os espero este viernes en La Montaña Mágica. Me gustaría hacer un completo recorrido por todos mis empeños en el género de la poesía a lo largo de estos años: dos primeros libros publicados hace más de quince años, y de los que apenas rescataré uno o dos poemas; dos libros que publiqué hace un par de años y que constituirán la mitad de mi recital; y finalmente dos libros inéditos, los que más me gustan de todo lo que he escrito en poesía, y que creo que se llevarán la otra mitad de mi recital.
Y si no venís por mí, venid por el músico, Río Viré; o por la propia librería, que merece todo nuestro apoyo: acaba de abrir dispuesta a dar guerra de la buena, es decir, brindar oferta cultural sin tregua; estos mismos jueves y sábado recitarán, respectivamente, Alberto Caride y Héctor Castilla. 

lunes, 11 de abril de 2016

El monstruo de los días


El monstruo de los días
se sienta aquí a tu lado cada tarde
y ronronea como un gato.
Mejor será olvidar qué puede hacer contigo
cuando llegue la noche: devorarte
despacio, hacerte pedacitos,
hacerse con tu rostro al día siguiente.


miércoles, 6 de abril de 2016

Yo me quedé a vivir en el lenguaje


Yo me quedé a vivir un tiempo en el lenguaje. Sentí de esa manera, en mis paseos y bajo mis pies, los sólidos cimientos de la etimología: la rara exactitud de las raíces griegas, la ubicuidad un poco prepotente de la vieja Roma; la música enmarañada y perturbadora de las músicas árabes y hebreas. Arañaba mi cuerpo, cuando yo pasaba, el enramado exótico de la lejana Persia y la violenta sequedad de la cercana África; divisaba también, aquí y allá, de vez en cuando, místicos faros indios, la gravedad primera del sánscrito, y pude oír en la lejanía voces más viejas que Europa.
Después sentí cómo la flecha del tiempo que me impulsaba cambiaba su curso.
Al fin, los ecos del pasado se van terminando y hay un silencio ahí delante que yo identifico con el futuro. Si en el pasado ha habido las voces discordantes, ruidosas y babélicas, en el futuro no logro oír nada. Y no sé si lo debo interpretar como la página en blanco de lo que debe ser dicho todavía en formas aún inconcebibles, acaso una telepatía que confirma ese silencio, un silencio preñado de ideas y sentimientos proyectados a la velocidad de la luz, la luz del pensamiento, la luz del corazón; o acaso es el silencio de una especie que por fin ha logrado su vieja aspiración de aniquilarse a sí misma.
No, no estaba equivocado.
¿Había llegado la hora de la telepatía, allí en el demorado calendario futuro?
                No, no, me equivocaba. Yo no podía oír ningún futuro.
Estaba en el pasado para siempre. Y usé la ciencia para escapar de allí.

Hay quienes creen que la telepatía prescinde del lenguaje y no es así, tal sistema crece y se extiende por los mismos vasos y ramas, desde las mismas raíces del lenguaje. El dolor y la distancia, el órgano y el impulso nervioso. Pero huyo al pensamiento tratando de explicármelo y dejo de oír también hablar a todas aquellas voces antiguas, ya solo me oía a mí mismo. ¿No era ya la hora de salir al presente y escuchar la voz de los otros? Oí el balbuceo de un mono y comprendí que era yo otra vez, que había regresado a la casilla de salida.


sábado, 2 de abril de 2016

Absurdia & Suburbia

Absurdia & Suburbia, la colección de e-books de autores españoles y latinoamericanos dirigida por Salvador Luis Raggio, llega a su final previsto tras tres años y veinte títulos. 

Me encanta ver en tan gran compañía a mi `Nosotros, los telépatas´ -incluye este relato, que solo puede leerse aquí, y `John Holmes y el nuevo mundo´. 


Aquí el enlace a toda la colección.